CASTILLA-LA MANCHA. Parte II: Ciudad Real

Siguiendo mis viajes por la geografía castellano-manchega hoy dedico mis reseñas a Ciudad Real. Con casi 20.000 quilómetros cuadrados por detrás de Badajoz y Cáceres, es una provincia de las más extensas de España y por ello con los paisajes y costumbres más diversos a lo largo de su territorio.

Campo de Criptana

Una postal característica de Campo de Criptana es, sin duda, la de sus molinos en lo alto de la colina que domina la población. Son un conjunto de 10 molinos, convenientemente restaurados, de los cuales tres de ellos datan del siglo XVI. La molienda del grano se realizaba inicialmente con molinos de agua pero una sequía que azotó el interior de la Península obligó a buscar otras fuentes de energía. Así se pasó de los molinos de agua a los de viento.

Dicen que en ellos podría haberse inspirado Cervantes para la descripción del «altercado» entre Don Quijote y los «gigantes», léase los molinos de viento claro.

En cuanto a edificios religiosos nombraremos la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la Iglesia del Convento y las Ermitas de la Virgen de la Paz y de la Veracruz, ambas del siglo XVI.

Como construcciones civiles son notables, aparte de los molinos, el Pósito Real, la Tercia, el Pozo de Nieve y en general las calles y casas de la población. Vale la pena callejear observando las casas con su teja árabe, pintadas en blanco y añil y con sus rejas de hierro forjado en las ventanas. Ojo, no os llevéis a engaño, es un pueblo «en cuesta» contrariamente a la mayoría de los pueblos llanos manchegos.

Y después de pasear calle arriba, calle abajo, nos acercamos para reponer fuerzas al restaurante «Las Musas» a degustar sus maravillas gastronómicas con unas inmejorables vistas al pueblo y a los molinos.

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